Arquitectura no apta para personas
con claustrofobia.
En el barrio de Shinbasi, en Tokio, se alza un referente arquitectónico construido en los años 70 y que intentaba aunar innovación en el diseño disimulando el problema de espacio en la capital japonesa. El edificio de capsulas de la torre Nakagin.
Tras la segunda guerra mundial, casi todos edificios de Tokio había sido destruidos o estaban es estado ruinoso y los arquitectos japoneses comenzaron a crear ideas innovadoras que solucionaran también el problema del espacio que existe en el suelo japonés.
El padre de este movimiento fue el arquitecto Kisho Kurokawa que llevó a la practica en 1972 su idea con el primer edificio modular del mundo, la torre Nakagin
Este edificio tuvo gran éxito entre los llamados “sararyman”, la clase social constituida por ejecutivos de clase media de una empresa que tiene que trabajar en Tokio o sus cercanías.
Las cápsulas están divididas en sala y baño. La sala tiene una televisión, una mini cocina, una cama, dos armarios empotrados e incluso una calculadora. La única ventana de las cápsulas es circular y está sobre la cama. El cuarto de baño similar al de un avión en tamaño.
Esta sencillez de unir las capsulas con tornillos se ideó para que fueran sustituidas cada cierto tiempo, pero en Japón no hay mentalidad de reconstrucción, ya que los edificios históricos se derriban y se construyen igual, pero en los de hormigón, la cosa cambia, e incluso en este edificio, las capsulas no se han cambiado y siguen siendo las originales
El edificio esta formado por dos torres de acero y hormigón armado de 11 y 13 plantas cada una, a las que posteriormente se añadieron, con solo 4 tornillos, 140 cápsulas de 2,3 m × 3,8 m × 2,1 m que pueden utilizarse como vivienda u oficina. Estas cápsulas pueden conectarse para crear espacios más grandes.



